En un libro de Dale Carnegie se decía que una regla en nuestras vidas debía ser “poner tope a las pérdidas”. Como ejemplo de pérdidas, mencionaba las inversiones en bolsa, las preocupaciones y los resentimientos. Decía el autor, que había que vender rápidamente unas acciones que alguien había comprado cuando éstas bajaban su valor en un 10% y que a las preocupaciones y resentimientos había que darles un plazo breve en nuestra mente para tener una vida feliz.
El gobierno de España y los españoles deberíamos hacer uso de esta regla.
Otra regla necesaria que habría que aplicar en nuestro país después de la experiencia de este “annus horribilis” sería poner “tope a las ganancias”.
El capitalismo liberal y salvaje que avanza a pasos agigantados en España, está causando graves problemas. Las ganancias excesivas, sin un control por la ley, y un afán de lucro cada vez mayor, ha llevado a un desequilibrio en la balanza social.
Es realmente difícil poner topes a pérdidas y ganancias cuando el ciudadano del siglo XXI siente “la libertad” como un logro irrenunciable. Es cierto que es difícil poner topes, pero no por ello no tienen que ponerse. Esta falta de límites perjudica siempre y en mayor grado al ciudadano de a pie.
El no respetar los límites en la zona de pesca por parte del Alakrana, ha supuesto por ejemplo, un coste elevado en el plano económico y un gasto enorme de tiempo de los políticos, que mientras pensaba en el problema de los piratas, no trabajaban en los problemas del paro y de la educación. Faltó un tope a las posibles pérdidas de faenar en esas aguas.
La falta del límite en los sueldos pensiones y beneficios, de banqueros, políticos, controladores de vuelo, jugadores de fútbol, y un largo etc. está siendo problemática y sin solución por el momento. El gobierno no puede recortar o subir los impuestos a los que ganan mucho y encuentra la solución fácil de subir los impuestos a los que ganan poco. Las diferencias entre pobres y ricos se hacen así cada vez más grandes y el clima de malestar frente a la clase política se refleja en las encuestas del CIS. Falta un tope a esas ganancias injustas.
Una legislación que evitara la miseria en la parte más desfavorecida de la sociedad y la opulencia en las clases económicamente dominantes, favorecería un mundo más justo y humano. Si la corrupción que permite el enriquecimiento se enfrentara a nuevos órganos de control, los corruptos al no poder robar, posiblemente pusieran su mirada en la investigación y la educación como única vía de crecer y acallar esa necesidad de sentirse grandes e importantes. ¿Se imaginan ustedes un mundo así? Duerman esta noche con ese sueño.