Me sorprendió mucho la decisión del presidente Montilla, el pasado mes de julio, de dar libertad a los miembros de su partido para emitir un voto en el parlamento de Cataluña en relación con el tema de las corridas de otros.
¿Será que Montilla es un defensor de los animales y tomó esa decisión para que la votación se realizara en el marco ideal de la libertad de conciencia? ¿Será que el presidente ama más a los animales que a los ciudadanos y consideró que esta votación debía realizarse en absoluta libertad como ejemplo de la filosofía de un partido socialista? ¿Será quizá que el presidente Montilla, teniendo en cuenta que algunos catalanes piensan que “la peseta es la peseta”, podía hacer un alarde de valentía en este tema puntual dado el hecho que en Cataluña el tema de los toros mueve poco dinero?
En cualquier caso, esta votación en condiciones de libertad, aunque ha sido un ejemplo “puntual” ha demostrado que las votaciones son posibles en el marco de la libertad de conciencia. He dicho puntual porque dudo que el gesto se repita.
En el mismo contexto, resulta triste que a escala nacional, en las decisiones que toma el gobierno de España, el voto de los diputados de un partido sea monocolor. No existen excepciones, todos obedecen. Si el presidente de un partido obliga a un voto de determinado es señal de su falta de liderazgo y señal de que sus razones son poco convincentes para conseguir un voto unánime sin la fuerza de la obediencia de voto. Si los políticos siguen exigiendo “obediencia a ciegas” tendremos políticos sin calidad. Si tenemos en cuenta que muchos de los que piden esa obediencia a ciegas, son ciegos o se hacen los ciegos y no ven la realidad, vamos camino del abismo.